El presente escrito es una reflexión sobre el trabajo realizado en el primer módulo de la especialidad en competencias docentes, donde recuperé y valoré distintos aspectos de mi práctica docente, la cual se enriquece cada día, gracias a las participaciones de los compañeros y tutores con los que he trabajado en la Especialidad.
Comenzaré haciendo referencia a la primera actividad, titulada Entre la docencia y mi profesión, pues a partir de que inicié la lectura de las actividades, inmediatamente y de manera caótica llegaron a mi mente infinidad de acontecimientos; recordé mi niñez, adolescencia y madurez. Algún día me soñé maestra y lo logré, aunque no precisamente de profesión.
De ahí que esta historia de vivencias escolares se remonta a 1962, cuando tenía cinco años de edad, al ver que tres de mis hermanos iban a la Primaria, insistí a mamá para que también me inscribiera, ella me llevó tal vez con la idea de que me dijeran “no” por la edad, sin embargo la Directora Elena Novelo Aguilar “Elenita”, me aceptó a prueba una semana y me quedé, fue así como conocí a mi primera maestra y modelo a seguir; humanitaria, paciente, comprensiva, atenta y con muchos conocimientos. Desde entonces quise ser como ella y decidí ser maestra.
Aunque, después de leer La aventura de ser docente de Esteve, me pregunto, si realmente fue ella quien despertó mi inclinación hacia el trabajo docente o fue la escuela, que me ofreció la oportunidad de disfrutar un sitio donde aprendí, compartí tiempo, espacio y afecto con mis compañeros, y encontré maestros que me hicieron sentir, emoción, sorpresa y placer en todas las actividades que realizaban.
Al salir de la secundaria, tuve la oportunidad de trabajar como profesora, pero mis padres se opusieron porque tenía; 14 años, estatura baja y complexión delgada, lo cual desde su punto de vista me traería dificultades pues los alumnos no me respetarían. Vuelvo a La aventura de ser maestro, y me pregunto ¿acaso no me hubiera podido ganar la libertad y seguridad de estar en clase, preparándome bien? La respuesta nunca la sabré, tal vez a temprana edad hubiera vivido mi primer encuentro con la docencia, con ansiedad, nula preparación y sin herramientas para solucionar problemas y quizá me hubiera olvidado de ser docente.
En 1972 y 1973 hice examen para ingresar a la Escuela Nacional de Maestros, sin embargo no fui aceptada y estudié Trabajo Social, aparentemente lo más cercano a lo que quería ser; me titulé y trabajé pero continuaba pensando en ser maestra. Por eso, cuando la SEP brindó la oportunidad a las Trabajadoras Sociales para cursar la Licenciatura en Antropología Social, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), inmediatamente me inscribí, con el firme propósito de cumplir mi sueño.
La Profesora Vicenta Villa Domínguez, mi maestra de matemáticas en Secundaría, fue mi segundo modelo y ejemplo a seguir, pero además el vínculo para ingresar a la Normal No. 21 de Texcoco, impartiendo Historia de la Cultura e Historia de México, en total 9 horas a la semana, por lo que decidí renunciar a mi trabajo en el ISSSTE, y también a la tranquilidad, pues tuve más actividades, menos descanso, menos dinero, y el compromiso doble que implica ser estudiante, además de planear y preparar clase, pero lo consideraba poco, a cambio de la satisfacción de ser y hacer lo que me gustaba.
Así, a los 22 años me inicié en la docencia, fue agradable tener alumnos que fluctuaban entre los 20 y 24 años, pues realizaban las actividades con responsabilidad y se dirigían a mi con respeto, además de haber encontrado compañeros que me aportaron su experiencia y conocimiento; aprendí después de muchos fracasos a adaptar mi voz al grupo y responder los famosos “toritos” con los cuales los alumnos miden la capacidad y conocimiento del maestro. Con toda esa fortuna en mi espacio laboral, tal como lo dijo el compañero Felipe Ortiz en el foro “ya no salí de la docencia”.
Trabajar con futuros profesores de educación primaria, me llenó de orgullo, pero que lejos estaba de cumplir con las exigencias del profesional de la educación que menciona Santos Guerra en La concepción del profesor; ser una maestra capaz de integrar el conocimiento y sobre todo de saber tomar una postura crítica para seleccionarlo y tratarlo. Cierto es que recibí apoyo de directivos y maestros pero de nadie pude observar una clase; paradójicamente fui aprendiendo al observar la práctica de mis alumnos. No sabía qué y cómo evaluar su clase, qué observaciones hacer si yo misma, no había aprendido cómo actuar, cómo enfocar los problemas y cómo eludir las dificultades.
Durante dos años fui Coordinadora de Extensión Académica y seis auxiliar de supervisión; lo cual implicó trabajar con docentes, directivos y supervisores de: secundaría, preparatoria y Normal, a quienes impartí diferentes cursos de actualización, lo cual me dejo muchas satisfacciones, pero sobre todo me aportaron conocimiento y experiencia.
Renuncie por situaciones personales y me ubique como Orientadora en el nivel medio superior. Realmente fue impresionante lo que viví durante el primer ciclo escolar, no podía entender el tránsito de trabajar con adultos que asumían una responsabilidad por la función que desempeñaban, y después, con adolescentes inquietos, rebeldes y juguetones. No me encontraba, no sabía cómo tratarlos, me desesperaba, pero poco a poco me fui ubicando, he aprendido del ímpetu de la juventud y de su nobleza.
Hasta hace algún tiempo, consideraba que la RIEMS , tenía olvidada la función de los orientadores, y eso me hacía sentir insatisfecha en mi trabajo, pero actualmente estamos con el diplomado y programa de tutorías, y haciendo operativo el Plan Estatal de Orientación Educativa. Me siento contenta de trabajar en este nivel, aunque a veces el malestar docente generado por actividades “urgentes” pero no significativas, la falta de: médico escolar, maestros, computadoras y otras más, me hace pensar que a las autoridades les interesa todo, menos los alumnos y mi entusiasmo se ve reducido.
Al estructurar el Andamio cognitivo Lo que compartimos y el proceso reflexivo de El ser y hacer docente me di cuenta, que comparto muchos aspectos con mis compañeros de la especialidad: he aprendido recorriendo el camino, aprendí con ensayo y error, viví la etapa de “profesor novato” y reconozco la ambivalencia de la profesión, pues he sentido ansiedad pero he vivido con pasión el planear, desarrollar y evaluar las actividades, sobre todo, disfruto los momentos de encuentro con los alumnos, que son lo verdaderamente importante. Considero que la solución a problemas académicos, es la actualización, y a la falta de recursos materiales es la adaptación, pero sin caer en el conformismo. Sobre todo estoy comprometida a ser docente de humanidad, buena comunicadora e intermediaria entre la ciencia y los alumnos, de ahí que mi gran orgullo es saber que he aportado algo para formar a profesionistas y también no profesionistas pero útiles a la sociedad y que en el reencuentro me saluden y platiquen sobre sus logros alcanzados.
Espero que las competencias me permitan decir: “Yo jamás enseño a mis alumnos, trato de darles las condiciones para hacerlo” Albert Einstein.
Melva Ortiz Sánchez
Hola Melva:
ResponderEliminarMuy interesante su trayectoria; nos habla de compromiso, dedicación y entrega. Espero continúe con ese mismo ánimo y entrega a esta noble labor.
Saludos.
Hola Melva.
ResponderEliminarQue importante es mirar atrás y recapitular los caminos que te llevaron a la docencia, desde la imagen de tu maestra "Elenita" y el inicio de tu aventura de ser docente.
El ser y hacer docente es una gran resposabilidad, responsabilidad que asumes al encontrarte en este camino de superación con el curso de competencias docentes, en donde tu gran exoeriencia y conocimiento compartido, nos ha permitido hacer grandes reflexiones en favor de nuestra práctica docente.
Como orientadora educativa haces un trabajo social enorme y de orgullo con los alumnos, solo haz memoria y sabrás de aquellos que has centrado y te lo reconocen.
Hola Melva:
ResponderEliminarVeo con mucha admiración tu decisión por abrazar la carrera de la docencia, tu entrega a los alumnos, esas actitudes se nos recompensa con la satisfacción de haber sido formadores de ciudadanos que fortalecen a la sociedad tomando ejemplo de nuestras enseñanzas.
Felicidades
Enrique Pérez Medina